GUATEMALA, LA ETERNA OLLA DE CANGREJOS
Hace
cerca de dos meses dejé de trabajar en un lugar que me abrió las puertas hace
varios años ya, un lugar que me dio la oportunidad de seguir mis estudios en la
universidad por la tarde y de donde aprendí mucho, pero en realidad aprendí cosas
que nunca hubiera querido aprender.
Cuando
escuchaba la frase “en todos lados de cuecen habas” no la entendía del todo,
hasta que conocí a mi verdugo personal… “Carmen” (Nombre ficticio
obviamente). Esta persona hizo de mis últimos
años en esa oficina un infierno, constantemente trababa de humillarme,
descalificarme, hacerme de menos, tornar negativamente todo acto que yo
realizara; hacia de menos mi familia, mi religión, tenía el descaro de
obligarme a vestir de una forma “correcta” (según ella).
Durante
un tiempo llegué a pensar que había algo mal en mi, año tras año me esforzaba
más y más en quedar bien con todos y con ella, pero nada era suficiente…
nada. Ahora que lo veo, me doy cuenta
que nadie daba “la milla extra” que me exigían a mí, cuando en realidad di
tantas millas de más que si fueran millas de una aerolínea tal vez ya hubiera
recorrido el continente latinoamericano.
Las
ideas que aportaba eran rechazadas y luego de un tiempo eran recicladas y se
llevaba el crédito cuando en realidad no tiene esa capacidad de creatividad. Imponía
reglas que ella misma no acataba, es cruel conociendo las necesidades de los
demás y busca hacerse de amigos que estén en un “nivel” económico alto para
fingir ser alguien que no es, como si eso importara en realidad.
Inventé
la “mantecoterapia” que consiste en embarrarme de manteca psicológica para que
no me afectaran sus acciones y me resbalaran, pero realmente esta persona está
hecha de maldad pura, ya que se las ingeniaba para arruinarme el día, por más
positiva que me quisiera mantener, su presencia lograba amargar los momentos.
Después
de tantas cosas, me di cuenta que no era feliz en mi lugar de trabajo y que no podía permitirle a NADIE dañar mi corazón,
y mucho menos si mi vida le pertenece a Dios ya que, no puedo entregarle a Dios
un corazón amargado por una loca que no sabe vivir su vida y tiene rencor y
odio en su propio corazón.
Así
que, justo cuando me hizo la ultima mala jugada, renuncié! Y eso amigos míos ha
sido la decisión más acertada que he tenido.
En el momento que decidí renunciar me pude dar cuenta que varias de
estas personas que me hacían la vida imposible día a día no me odiaban a mí…
odian sus propias vidas! Son miserables y no pueden permitirle a nadie más ser
felices si ellos no lo son. No importa a cuento ascienda su cheque
mensualmente, si tienen salud, si tienen un buen carro, si visten ropa de marca
o viajan cada cierto tiempo a otro país, estas personas jamás serán felices
consigo mismas.
Pero,
me sorprende que a pesar de haber personas extranjeras en mi lugar de trabajo,
los únicos que te hacen la vida imposible son los guatemaltecos. Es algo
cultural; un fenómeno que me parece tan extraño. De los locales en realidad
solo un 30% eran positivos y ¡entre menos ganaban, más felices eran!
Regresando a lo importante, ahora que ando en busca de
trabajo me doy cuenta que me estaba limitando y perdiendo el tiempo intentando
quedar bien con gente amargada que no se aguantan ni ellos mismos. Las oportunidades son grandes y de todo se
aprende, aunque quedan sabores amargos de algunas experiencias que en realidad no
hubiera querido aprender así.
Un ambiente laboral no debe jamás tornarse tan turbio
como en el que yo estuve trabajando los últimos años. Pero… como dice un proverbio chapín “SIEMPRE
ES NECESARIO UN@ HIJ@ DE PUTA QUE TE DE ESE EMPUJÓN QUE FALTA PARA QUE SEPAS DE LO QUE ERES CAPAZ”.
Muchas veces me tuve que contener para no mentarle la
madre a esa persona, la verdad es que no se lo deseo a nadie, y lo triste es
que si tiene hijos o hijas, le dolerá
hasta el alma cuando crezcan y les toque un@ jef@ tan pura lata como lo
es ella. Pero así es la vida, todo se paga, todo se regresa donde más te duele.
Estoy en el proceso de desintoxicación, porque después
de tanto tiempo, algo de eso entra en tu organismo y es muy importante
sacarlo. Yo, gracias a Dios me di cuenta
a tiempo y estoy sacando ese sabor amargo que me dejó el haberla conocido.
Si en algún momento de tu vida te toca ser jefe,
recuerda que ser un buen jefe es ser líder,
llevar a tu equipo hacia la meta, no dejarlos atrás. Por otro lado, ser un
simple jefe, es dar órdenes y nunca mover tu trasero del asiento, aprovechándote
de tus empleados y de su potencial para llevarte el crédito de cosas que jamás podrías
hacer solo EN TU VIDA.
Cosas buenas vienen para Guatemala y creo firmemente
que si aun estuviera donde estaba, jamás hubiera podido ser parte del cambio
teniendo a una persona tan negativa al mando.
Por último, les dejo un pensamiento muy acertado de
Walter Isaac que me compartió mi amiga Rebe: “Este es un homenaje a los locos. A los inadaptados. A
los rebeldes. A los alborotadores. A las fichas redondas en los huecos
cuadrados. A los que ven las cosas de forma diferente. A ellos no les gustan
las reglas, y no sienten ningún respeto por el statu quo. Puedes citarlos,
discrepar de ellos, glorificarlos o vilipendiarlos. Casi lo único que no puedes
hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Son los que hacen avanzar
al género humano. Y aunque algunos los vean como a locos, nosotros vemos su genio.
Porque las personas que están lo suficientemente locas como para pensar que
pueden cambiar el mundo... son quienes lo cambian”



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